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[América Latina] ¿Final de ciclo o paréntesis en la región?

Durante la primera década del nuevo siglo América Latina vivió un fenómeno nuevo (y viejo a la vez): la coexistencia de gobiernos de carácter progresista nacional-popular y/o socialdemócrata con un ciclo ascendente de la economía mundial.

Este nuevo ciclo político tuvo su inauguración con el ascenso a la presidencia de la República de Venezuela de Hugo Chávez Frías en 1999, asunción que tuvo lugar en medio de una región marcada todavía aún por presidencias que reflejaban en mayor o menor medida los consensos en torno de estrategias de signo “liberal o neoliberal”. Pronto se pudo advertir a lo largo de la región los signos de este proceso de cambio más allá de las fronteras de Venezuela; allí pudimos asistir a la aparición de Lula Da Silva en Brasil en 2003 y Dilma Rousseff en 2011, Néstor Kirchner en Argentina en el mismo año 2003 y Cristina Fernández de Kirchner a partir del 2007, Evo Morales en Bolivia en 2005, Rafael Correa en Ecuador en el 2007, Fernando Lugo en Paraguay en 2008 y Tabaré Vázquez y José Mujica en Uruguay en los años 2005 y 2009 respectivamente.

La destitución mediante juicio político de Fernando Lugo en 2012, el triunfo electoral de Mauricio Macri en Argentina en las elecciones presidenciales del año 2015, el triunfo del Movimiento por la Unidad Democrática en Venezuela en las elecciones legislativas de diciembre del mismo año 2015, la derrota de Evo Morales en Bolivia en el referéndum de febrero del 2016, la destitución de Dilma Rousseff en Brasil, luego de un controversial aunque legal juicio político en septiembre pasado y un 2017 con muy disputado ballotage en Ecuador y la posible derrota del candidato oficialista Lenin Moreno han sido considerados como el más claro indicio del inicio de un nuevo ciclo en la región.

La discusión que planteara en el 2016 quien escribe estas líneas estaba destinada a cuestionar la tesitura del “nuevo golpismo” en la región, entiendo que podíamos con toda legitimidad encontrarnos frente al inicio un proceso de alternancia propio de las democracias más que de la usurpación de alguna forma de poder popular, como expresión de alguna mayoría “natural”, por parte de minorías sociales con anclaje mediático judicial y corporativo.

Sin embargo, un hecho político de aquellos que los expertos considerarían como un “cisne negro” de la vida política sucedió: contra la mayoría de los pronósticos un outsider de la política estadounidense, el multimillonario Donald Trump, derrotó primero en la elecciones internas del partido Republicano a 14 de los principales exponentes del establishment político de aquella organización y luego en los comicios presidenciales a una experimentada política del partido Demócrata, Hillary Clinton. Resulta prematuro predecir el éxito o fracaso de esta experiencia política, pero la misma representa un claro intento de ruptura de la tradición de los Estados Unidos en materia de política internacional, como así también de las propias reglas del sistema internacional.

Mientras escribo estas líneas recuerdo aquella escena de una clásica película de los años ´70, parodia del cine catástrofe muy boga en aquella época, y Donde está el piloto, en la cual el comandante a cargo de la torre de control del aeropuerto de Chicago, el actor Lloyd Bridges, repetía una y otra vez que era mal momento para dejar las múltiples adicciones que sufría: mal momento para dejar el populismo ha planteado el politólogo argentino Andrés Malamud quizás pensando (o no tal vez) en las escenas de esta película.

En estas nuevas condiciones ese “inexorable” fin de ciclo abre paso a los siguientes interrogantes ¿De ser exitoso el experimento Trump, el ciclo “no populista” no se trata en definitiva de un breve paréntesis en el devenir político de la región? ¿Es un buen momento entonces para no dejar el populismo? ¿Representa esta coyuntura internacional una oportunidad para los Andrés Manuel López Obrador, Manuel Zelaya renovado y otros potenciales referentes que pueden fortalecer su prédica anti cosmopolita?

Final abierto, con más interrogantes que certezas.

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Santiago Leiras

Politólogo UBA. Doctor en América Latína Instituto Ortega y Gasset

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