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[Argentina] La Cámara Electoral es cosa de hombres

La Cámara Nacional Electoral es una institución muy importante en el proceso electoral a la que los vientos de la época parecen no haber llegado. Las sólidas paredes del edificio de la Cámara, ubicado en la calle 25 de mayo, resisten dos soplidos que unidos tienen la fuerza del viento sur cuando se enoja. Uno se relaciona con un pedido social de renovación en el sistema judicial. La consideración de la ciudadanía acerca de la justicia ha caído cuando en otros tiempos ésta lograba mantenerse mientras otras instituciones como partidos o sindicatos se derrumbaban. El otro viento de cambio se relaciona con los reclamos de igualdad de género. Las mujeres de nuestro país han irrumpido en el debate público para transformarse en verdaderos agentes de cambio social, político y sobre todo cultural. Los ejemplos están a la vista.

Sin embargo, la Cámara Nacional Electoral (CNE) sigue igual, intacta. La integran tres jueces que desde su conformación han sido hombres. En enero de 2016 falleció el prestigioso magistrado Rodolfo Munné y, por lo tanto, el máximo nivel de decisión judicial en el fuero electoral funcionó con dos jueces, los doctores Alberto Dalla Vía y Santiago Corcuera.

El Consejo de la Magistratura abrió en octubre de 2016 el concurso número 376 con el objetivo de cubrir la vacante y ahora estamos atravesando la última etapa para remitir la terna de candidatos al Poder Ejecutivo.

Al principio cuando comenzó el concurso se inscribieron 50 candidatos, pero luego se presentaron 25 a rendir examen, por lo que la mitad quedaron excluidos por el hecho de no presentarse en esa instancia. Un dato no menor que no debe pasar inadvertido: de los 50 aspirantes solo 9 fueron mujeres. De los 25 que se presentaron al examen solo 3 fueron mujeres.

El orden de mérito se modificó varias veces por la presentación de impugnaciones, entrevistas, etc. Lo único que no se modifico fue el primer lugar que siempre lo ocupó la misma persona: la doctora Alejandra Lázzaro, quien es actualmente la Secretaria de Cámara de la CNE y es la única de los tres candidatos de la terna que tiene el título académico de Doctora en Derecho por la Facultad de Derecho de la UBA con una tesis de Financiamiento de los partidos políticos. Lázzaro tiene una sólida carrera en la Justicia Electoral ya que atravesó por todas las categorías antes de ocupar el primer lugar en la terna que se remitirá al Poder Ejecutivo. Su especialidad gira sobre los temas de financiamiento partidario, modernización tecnológica y participación política de las mujeres. Tres temas de suma trascendencia en los tiempos que corren.

En marzo de este año se celebraron las entrevistas para concluir con la etapa de evaluación y este 26 de abril la Comisión de Selección de Magistrados presidida por el consejero Leónidas Moldes, firmó el Dictamen proponiendo a Lázaro en el primer lugar, a Daniel Bejas en el segundo y a Hernán Goncalves en el tercero.

Ahora solo falta celebrar una audiencia pública para elevar la propuesta al Poder Ejecutivo para que el presidente Mauricio Macri elija algún nombre de los tres. Por último, el Senado con el voto de las 2/3 partes deberá ratificar el nombre seleccionado por Macri para quedar efectivamente en ese cargo.

Como se podrá advertir estamos ante un verdadero leading case, un caso destacado que podría marcar un antes y un después, que podría generar un debate social de magnitud. Si la política mete la cola y “bajan” a la mujer que ganó el concurso de mérito se trataría de un abuso institucional de envergadura. Repasemos. Una institución que debe renovarse realiza como corresponde un concurso, ese difícil y complejo concurso en donde la abrumadora mayoría son hombres lo gana una mujer con una carrera basada en el mérito y el profesionalismo dentro de esta misma institución que se renueva, pero aparece un “cisne negro” y se le niega el cargo. Se trataría de un escándalo, de una decisión errónea fundada vaya a saber uno en qué vedado interés.

¿Qué otra opción tiene el presidente de la Nación, que carga en su agenda con la renovación de la justicia y la promoción de los derechos de las mujeres, para elegir otro candidato que no sea la mujer que ha ganado el concurso de mérito? Si lo hiciera minaría el propio recorrido hecho por su gobierno.

¿Qué otra opción tiene el Senado de la Nación para rechazar la decisión presidencial de presentar la candidatura de la mujer que ganó el concurso de mérito? Cada senador, cada senadora tendrá que hacerse cargo de su voto y explicar por qué se rechaza a la mujer que ganó el concurso de mérito.

Si alguna de ambas instituciones, la presidencial o el Senado, optan por un camino distinto deberán asumir el costo político. Nuestra sociedad ha cambiado. Hay cosas que no tolera, una de ellas es la arbitrariedad, el trabajo sigiloso de operadores que detrás de bambalinas siguen haciendo sus componendas como si fuera la Argentina de los 90. Acá estamos ante el Caso Lázzaro, que pone en entredicho al propio sistema político, judicial, electoral y de concursos. Se trata de una mujer que hizo una carrera judicial intachable, que conoce como nadie el tema, que ganó un concurso muy competitivo y que merece como pocos ese cargo. La confianza en las elecciones también se mide en decisiones de este tipo. Porque no hay que olvidar que a los pedidos de renovación de la justicia y de igualdad de género también se le debe sumar el del reclamo de la ciudadanía por la transparencia en los comicios. Son tres temas muy importantes, trascendentes, que se conectan en el caso que deberá resolverse en estas semanas.

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Politólogo de la Universidad de Buenos Aires. Director de Transparencia Electoral y Noticias Electorales.

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