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Chile votó contra la moderación

Este domingo 19 de noviembre se celebraron elecciones generales en Chile. Durante toda la campaña se abordaron varios temas, pero un par de ellos se discutió con gran interés; por un lado, la incertidumbre sobre el grado de participación que tendrían estos comicios, y por otro, la irrupción del Frente Amplio, con Beatriz Sánchez a la cabeza, que en las encuestas se posicionaba bastante bien para ser su primera elección. Siendo una outsider se mediría con un ex presidente, senadores, diputados y un ex candidato presidencial.

Con respecto a la participación, debemos recordar que en el año 2012 se aprobó en Chile la ley de inscripción automática y voto voluntario. Esta venía a introducir un cambio que sería fundamental: hasta antes de su promulgación, en Chile el voto era obligatorio pero la inscripción en el registro electoral era optativa. El ciudadano que estuviere interesado en sufragar debía dirigirse a una oficina del Servicio Electoral para quedar registrado en el padrón. Con esta modificación, todos los chilenos que cumplieran con los requisitos para ejercer el voto quedaban automáticamente inscriptos y habilitados para votar, pero el sufragio pasaba de ser obligatorio a optativo.

 Ahora bien, ¿cuál fue el efecto de esta ley que pretendía incentivar la participación ciudadana en las decisiones públicas? Lograr todo lo contrario. Después de promulgada y publicada la ley, los índices de participación bajaron de manera estrepitosa.

En las últimas elecciones municipales celebradas bajo el formato de voto obligatorio, un 85,81% de los habilitados asistieron a los centros de votación.

Sin embargo, en la elección municipal de 2012, ya con la entrada en vigencia de la ley de inscripción automática y voto optativo, la participación descendió a casi la mitad de este porcentaje.

Si bien en cierto que debido a la inscripción automática el padrón aumentó de 8 a 13 millones, incluso en términos nominales la participación bajó de 6.959.075 en 2008 a 5.790.617 en 2012.

Confirmó esta tendencia la elección municipal del año pasado, en la que el porcentaje de participación fue de apenas 35%, y en términos nominales sufragaron 4.931.041 electores.

En cuanto a las presidenciales, el efecto de esta ley fue el mismo. Mientras que en las últimas elecciones con voto obligatorio (2009) hubo una participación del 87.66%; una vez promulgada esta ley la participación descendió en las presidenciales del 2013 a poco menos del 50%; y en las del pasado domingo incluso bajó un poco más hasta un 46.09%.

Ahora bien, dadas estas cifras, y tomando en cuenta otros factores, como por ejemplo que el voto por la derecha o por la extrema derecha son votos duros, y con expectativas de una participación de alrededor del 50%, los analistas conveníamos en que Sebastián Piñera tendría una muy buena elección, con la que, si bien no le alcanzaría para hacerse del cargo presidencial en una primera vuelta, si quedaría muy bien perfilado para la segunda.

También se esperaba que Gullier fuera su contendiente, y que bastante por debajo de él quedarán Beatriz Sánchez, Goic, Kast y Ominami.

De todo esto, lo que acertaron las encuestas fue el porcentaje de votación con el que se hizo el candidato del PRSD y el PPD.

Beatriz Sánchez y José Antonio Kast fueron los ganadores de esta elección, más la primera que el segundo. En el caso de Sánchez, los estudios más optimistas le daban alrededor de un 15%, y a Kast casi un 5%. Sin embargo, sus porcentajes fueron 20,27% y 7,93%, respectivamente.

Uno hubiera entendido que, dado que Beatriz Sánchez representa un espacio novedoso, urbano y joven, su suerte hubiera estado directamente relacionada con una mayor participación. Es decir, uno hubiera esperado que, a mayor participación, mejor le iría a Sánchez en los comicios.

Sin embargo, no solo no creció el índice de participación, sino que incluso bajó. Pero, aun así, la elección de Sánchez fue sumamente importante, consiguiendo además el Frente Amplio un senador y cuarenta diputados.

Por lo tanto, el electorado tradicional chileno, que en los últimos comicios ha asistido regularmente a las urnas, ha hecho un importante, aunque por ahora no determinante, cambio de preferencias con respecto a la oferta electoral.

La gran elección de Sánchez, así como en menor medida, la de Kast, responde en gran parte a un electorado que votó en contra de la moderación. Los programas de Chile Vamos y de la Nueva Mayoría tenían una gran cantidad de coincidencias, y no impulsaban cambios importantes en los temas que muchos chilenos consideran fundamentales.

Por otro lado, los programas de Beatriz Sánchez y Kast son más revolucionarios que gradualistas, con ideas que interpelan a una sociedad en general tradicional y que considera como uno de sus grandes tesoros la estabilidad, que garantizan en gran medida a través de la mencionada moderación.

Por lo tanto, hay casi un 30% de electores que votaron por alternativas a las opciones tradicionales (contando solo a Sánchez y Kast) y que consideran que los programas de las coaliciones que normalmente compiten no los representan.

Tendremos que ver si es un fenómeno que se sostiene, si ambas opciones logran verdaderamente representar a esta importante parte del electorado, y cómo se configuran las alianzas de cara a la segunda vuelta.

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Jesús Delgado

Internacionalista egresado de la UCV Analista político.

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