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El futuro Europeísta: Un rediseño estructural

El próximo 7 de febrero se celebrará una de las sesiones más importantes del Parlamento Europeo y en la que se definirá el nuevo curso que tome la Unión Europea en su aspiración de plantarse como una híper-potencia ante el foro mundial. Se trata de la sesión en la que se presentará, discutirá y, en su caso, se aprobará los lineamientos generales del proceso electoral para la renovación del Parlamento Europeo, y en la que por primera ocasión ya no se contará con la presencia del Reino Unido, tras los inesperados resultados que arrojó referéndum del Brexit celebrado en el año 2016.

A diferencia de otros cuerpos legislativos de orden nacional, la conformación y el proceso para la integración del Parlamento Europeo no se encuentra definido de forma rígida en un texto legislativo, como comúnmente ocurre en el caso de las constituciones nacionales. De conformidad con el artículo 223 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, para las elecciones europeístas “el Parlamento Europeo elaborará un proyecto encaminado a establecer las disposiciones necesarias para hacer posible la elección de sus miembros por sufragio universal directo, de acuerdo con un procedimiento uniforme en todos los Estados miembros o de acuerdo con principios comunes a todos los Estados miembros”.

En esta ocasión, el Parlamento Europeo tuvo como uno de sus principales retos decidir el destino que debían guardar los 73 escaños que correspondían al Reino Unido. En el proyecto que se presentará este miércoles 7 de febrero, se propone redistribuir 27 de los 73 escaños entre los países miembros que cuenta con una menor representatividad poblacional ante el Parlamento Europeo, mientras que los 46 restantes se reservarían para el caso de la integración de nuevos Estados a la Unión Europea. Con dicha determinación, los Estados miembro mayormente beneficiados son: España y Francia con un incremento de cinco eurodiputados, cada uno; seguidos de Italia y Holanda que obtendrán tres nuevos escaños, mientras que Irlanda obtendrá dos nuevos sitios;  por último, Dinamarca, Estonia, Croacia, Austria, Polonia, Rumanía, Eslovaquia, Finlandia, y Suecia obtendrán un nuevo eurodiputado derivado de esta nueva redistribución. Es importante recordar que a Alemania no se le asignó ningún nuevo escaño puesto que a la fecha ya cuenta con 96 eurodiputados, que es el número máximo de representantes que se permite ante el Parlamento Europeo por cada país.

La importancia de esta nueva distribución es evidente considerando que el Parlamento Europeo ahora pasará a tener 705 eurodiputados de los 751 que tuvo en esta última legislatura, por lo que el peso político de cada una de las delegaciones también se verá incrementado ante una reducción tan sustantiva.

El segundo gran reto que ha dividido las opiniones al interior del Parlamento Europeo es la posibilidad de integrar listas transnacionales para que sean votadas en paralelo a las nacionales. En este tema los principales portavoces de cada una de las posturas las encabezan Alemania que se opone a dicha posibilidad, frente a Francia como principal impulsor de esta propuesta. El temor alemán de implementar las listas transnacionales tiene que ver con la posibilidad de que sirvan de entrada a grupos de extrema derecha para obtener una representación dentro del Parlamento Europeo, lo que podría significar que desde dentro haya voces claramente opositoras al proyecto de integración Europea. Sin embargo, por el otro lado tenemos a Francia y la gran aspiración de su actual presidente, Emmanuel Macron, para avanzar hacia una integración transnacional del proyecto Europeo como híper-potencia mundial, tal y como expresamente lo declaró el pasado 23 de septiembre en un discurso claramente pro- europeísta ante estudiantes de la Universidad parisina de La Sorbona. El proyecto de estas listas transnacionales propone que el número de eurodiputados electos por dicha vía sea igual al número actual de Estados miembros; sin embargo, por tratarse de una propuesta que impacta directamente en la Ley Electoral Europea, esta iniciativa deberá ser aprobada por unanimidad del Consejo Europeo.

Resulta claro que en los próximos días se estará discutiendo el futuro de los próximos cinco años del ambicioso modelo jurídico-político de la Unión Europea, aunque aún no resulta claro qué intereses serán los que prevalezcan en tan importante decisión. Será cuestión de ver si la mano de Angela Merkel aún tiene la fuerza suficiente para hacer valer sus determinaciones o, por el contrario, si será Emmanuel Macron el que aproveche el momento de debilidad que la alemana está pasando en su propio país por la falta de integración de gobierno para tomarle ventaja y consolidarse como nuevo director y arquitecto de este proyecto europeísta.

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Diego Valadez

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Ha realizado estudios en Análisis Político (ITAM) y en Elecciones y Partidos Políticos en México (COLMEX)

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