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Entrevista a Nicolás Simone: “Macri está jugando a su propio liderazgo”

Nicolás Simone es licenciado en Historia por la Universidad de Buenos Aires y Magister en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca de España. Ejerce la docencia en la UBA, donde cursa un doctorado.

En le programa “Entre Fronteras”, fue entrevistado por Leandro Querido y Cecilia Diwan. A continuación, sus declaraciones:

¿Argentina es una coalición de gobiernos, una coalición de partidos o una coalición parlamentaria?

Me parece que es una coalición de partidos que está funcionando desde el punto de vista de las ciencias políticas, que a pesar de sus dificultades está logrando mantener una cohesión en un contexto de muchas dificultades políticas, económicas y sociales. Lo que se vio en el tratamiento de la reforma provisional realmente muestra una situación muy delgada respecto de cómo la coalición puede mantener sus soldados dentro de sus filas realmente. Fue una puesta a prueba muy difícil ya que el gobierno desde el punto de vista de la coalición logró saltear el paso.

Mencionábamos la palabra clave de este programa, “transiciones”, y no podemos soslayar que, si pasa de una transición de un gobierno peronista, como se han dado en la mayoría de la recuperación democrática, a uno a uno no peronista. Estamos entonces en una transición de nuestro país.

Yo escuchaba el repaso de país por país cómo fueron las transiciones y se puede establecer una relación de cómo fueron las transiciones de los países y más o menos cómo están hoy. Brasil, por ejemplo, que ha atravesado crisis políticas muy profundas con un  impeachment a un presidente. Imagínate que le hubiera pasado a Cristina o a Macri, un pedido de destitución formal por parte del parlamento. Brasil muestra aún, con todas sus dificultades y su enorme atomización, porque el problema principal de gobernabilidad de Brasil tiene que ver con un congreso donde hay muchos parlamentarios que tiene una composición muy fragmentada, es decir que tiene muchos bloques políticos. Además, el parlamento brasilero muestra rasgos de niveles de “polosidad” en la corrupción que el argentino, de alguna manera, no tiene. Es decir, en estos debates que hubo la semana pasada se mostró que había mucho conflicto político, pero no pasaba de por compra-venta de votos, por ejemplo, que es lo que sucede en Brasil de manera más tranparente o menos el ensalado, que es una especie de incentivo para aquellos que votan favorablemente por el ejecutivo, cosa que en Argentina no pasa, el parlamento tiene otros problemas, pero no pasa.

Ahora, la contracara de eso es que ese régimen sostiene instituciones que muestran bastante solidez. Insisto, son simpáticos en las decisiones que se tomaron, a uno le puede gustar más el gobierno de Dilma y muy poco el de Temer (me parece difícil que el partido de gobierno de ahora, que se encuentra en una transición también, pueda imponer un candidato). Pero lo que muestra esto, y hablando de la transición, es que no hubo una transición porque acá hay muchas transiciones permanentes.

La idea de la transición en la historia de la ciencia política nace con la transición de la tercera ola, es decir los países que transitan a la democracia en la década del 70, 80 y 90 donde podemos empezar con países como Ecuador, República Dominicana en la década de los 70, Argentina está como en el medio, a finales de la década de los 80 y Chile es uno de los últimos en tener la transición. Y ahí se vio como una especie de gran ola de transiciones. Esto se extendió en los 90  con la caída del muro de Berlín hacia los países del Este, pero después de la caída de las Torres Gemelas, de la invasión de EEUU a Irak, que abre el proceso de transición, que en Ciencias Políticas se llama “hacia regímenes híbridos” no logran encuadrarse en uno u otro lado de la grieta, desde el punto de vista de las ciencias políticas. O es una democracia o no lo es. Hoy, esa pregunta que en la década de los 80 era muy clara, eran gobiernos dictatoriales y su opuesto era gobiernos democráticos; esa separación ya hoy es mucho más gris. Lo vemos en Venezuela claramente y lo que ustedes comentaban de Bolivia, que perdió un plebiscito pero el tribunal lo autoriza igual y el presidente Evo Morales va a elecciones de vuelta, eso es un poco híbrido.

Sí, Honduras que no tenia reelección, que  venía del conflicto de Zelaya cuando él propone la reelección termina y cae y por eso y, sin embargo, Hernández logra superar eso, pues recibe un veredicto de la máxima autoridad judicial, lo habilita y ahora la crisis. Estamos hablando de hibridez institucional.

Exactamente, son regímenes híbridos que combinan rasgos de la democracia y generalmente la parte que se llama “accountability vertical”, es decir “el pueblo vota”, ese es como el resguardo de los que defienden estos regímenes como democráticos, “voy a elecciones, por lo tanto hay democracia”, como sucede en Venezuela. Por otro lado, podemos decir que la accountability vertical, que es el control del pueblo sobre sus gobernantes también tiene otra cara, que es la horizontal, que es el control entre poderes, control entre agencias y empiezan a aparecer estos grises, como un tribunal que puede aprobar esta excepción o que dice “eso seguirá adelante”, tiene una relación de fuerzas políticas electorales o fuerzas de movilización social en donde las instituciones andan en este gris. Estos son muchas transiciones que disparan valores nuevos. Los politólogos vamos como atrás del problema, tratando de ponerle una etiqueta y eso es ahora regímenes híbridos, además se ven en todos los niveles, no solo en los nacionales, distintas alianzas cruzadas en las provincias, historias diferentes que se van entrecruzando y que van generando estos regímenes que son apasionantes desde el punto de vista de la complejidad que generan y producen esto que se llama “regímenes híbridos”.

Hablemos de las transiciones de los bloques regionales en América Latina. Terminamos el año con un acercamiento importante después de muchos años de negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea.

Sí, exactamente, la casualidad o no de que a Macri le tocara la presidencia pro tempore para el año que viene, la decisión de hacerlo en Buenos Aires, y el lugar que Macri le quiso dar a la Argentina en contraste con lo que había sido la política exterior de Cristina en cuanto a lo que se llama nuevamente la inserción en el mundo, le da este protagonismo buscado claramente por el presidente, quien busca convertirse en un líder regional, los partidos que se podrían identificar como no populistas, de centro derecha, Piñera, Temer, las distintas opciones que  hoy están en el gobierno, ven en Macri un líder regional que les puede permitir abrir mercados, que es la caracterización que hacen estos gobiernos acerca de cómo el futuro puede mostrar mejoras en la situación de bienestar.

Si los partidos que se identifican en esta línea repiten la lógica de no crecimiento, o le sucede, porque Suramérica está permanentemente expuesta a los vaivenes del mundo, por más que los gobiernos de todo tipo hayan querido aislarse, levantar barreras, aumentar el proteccionismo -que Argentina fue un claro ejemplo de esto- están muy expuestos. Si Argentina no tenía el precio de la soja que tenía el gobierno de Cristina, la situación económica argentina hubiese sido otra y eso no dependía mucho de lo que podía hacer o dejar de hacer el gobierno más que subir o bajar un poco las retenciones, lo cual explica lo que fue el levantamiento por allá por el 2008. Pero, más allá de este conflicto interno, la cuestión es que Argentina hoy día, y Suramérica, están muy expuestos. Brasil menos por su tamaño, pero el resto de los mercados nacionales claramente son débiles ante la posibilidad de defenderse con medidas de la década del 30 como lo es el proteccionismo. Esa es la caracterización de nuestro gobierno; el gobierno va a buscar entonces abrir esos mercados que están cerrados para la Argentina, la Unión Europea es un mercado que está abierto para muy pocos productos y la Argentina tiene una enorme necesidad de colocación de materias primas y materias elaboradas, tanto en objetos como en tecnología. La Argentina busca no hacer ni de cerca una Israel en cuanto el desarrollo tecnológico, pero si tiene una mano de obra bien calificada capaz de aumentar el crecimiento. En ese esquema, Macri hace una apuesta,  que es una apuesta riesgosa, pero no tiene muchas alternativas más que buscar que esa apertura de mercado le permita, por un lado abaratar costos locales (nosotros tenemos la ropa muy cara, la informática muy cara en relación a otros mercados del mundo) y a la vez poder producir las divisas que son, en definitiva, lo que mantiene a Argentina en este nivel de gasto, porque mas allá de los debates que hubo, sobre los gastos, Argentina es un país que gasta mucho en relación a los habitantes que tiene. Es un Estado muy grande y es un Estado que aumentó enormemente el gasto por persona en los últimos 20 años a diferencia de lo que era a finales de la década de los 90, cuando no cubría los cuidados que cubre hoy, no cubría la asignación universal por hijos, no había desarrollado todas las políticas de planes sociales y de cobertura en todo sentido, de inversión directa e indirecta en educación. Lo cierto es que el estado argentino gasta mucho y eso se ve muy claramente en el déficit, y eso es lo que produjo el conflicto últimamente.

Justamente hablas de este nuevo rol que lleva adelante el gobierno de Mauricio Macri, con el tema del G-20, con el tema de la OMC, con este liderazgo que empieza a tratar de implementar o desarrollar en la región. Brasil, que está un poco alicaído. Mi pregunta es si en ese contexto, en el que un presidente prioriza lo económico (relaciones bilaterales, la apertura económica, entre otros mecanismos), plataformas como la UNASUR dejan de tener valor, pues el presidente ha manifestado su intención de abandonar este bloque, ha declarado que esta es una plataforma demasiado ideológica.

Sí, de poderes ejecutivos. Es una reunión que nace de una emergencia a partir del conflicto de Honduras, en su momento con Kirchner con un fuerte protagonismo regional también, pero lo que pasa con la UNASUR, que es lo que también pasa con el MERCOSUR, y que el gobierno, por lo menos el argentino, no está pudiendo encarar es el tipo de instituciones que crea. UNASUR no cuenta con una institucionalidad que permita el desarrollo de oficinas comerciales, negocios o la apertura del mercado para la región. Es una reunión entre presidentes que atiende a situaciones de emergencia, que puede tener una gran función, pero en la mirada estratégica que tiene el gobierno en lo económico no sirve de mucho.

Menos con Venezuela que ejerce poder de veto, que es un régimen ilegítimo, y que te paraliza el organismo.

Exactamente. Ahora el MERCOSUR tampoco ha construido una institucionalidad. Fíjate, por ejemplo, en lo que pasó con el PARLASUR. Una institución que podría haberse tratado de parecer al Parlamento Europeo termina completamente desatendida por los gobiernos. Brasil no dio el paso adelante que había quedado en dar,  Argentina tampoco. Y este gobierno, ni el anterior tampoco le dieron a ese lugar la posibilidad de ir construyendo esto que, en definitiva, es un movimiento medio irresistible, como decían los antiguos a las revoluciones. La democracia tiene que crecer en algún momento, es importante que los ciudadanos puedan participar en organismos de manera directa y tengan injerencia sobre aquello que les pasa, sobre todo en temas que los estados nacionales no logran contener, como el narcotráfico, trata de personas, movimientos económicos que voltean gobiernos. Es decir, por ejemplo, si Argentina tiene una corrida financiera, ¿quién lo defiende?, no lo defiende nadie. Está muy expuestos, y en ese esquema, Macri está jugando a su propio liderazgo, está, de alguna manera replicando, la idea de cierto caudillismo regional, podríamos decir, las instituciones no están acompañándole.

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