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¿Nuevo golpismo o final de ciclo en América Latina?

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En los últimos días y con el agravamiento de la crisis política en Brasil, se han escuchado diferentes voces que advierten sobre los riesgos de una nueva ola golpista en la región, a partir de lo sucedido en Brasil –incluyendo entre esas voces al propio ex presidente Lula Da Silva y la presidente Dilma Rousseff- y con extensión a otros países como Argentina, Bolivia, y Venezuela para citar algunos ejemplos de esta “tercera oleada de autoritarismo” en la región, ola que habría tenido sus primeros precedentes con la “heterodoxa” destitución del presidente Manuel Zelaya en Honduras en el año 2009 y el juicio político y destitución de Fernando Lugo en Paraguay en 2012.

Veamos que ha sucedido en cada uno de estos países mencionados.

Brasil, en medio de una crisis social, movilización callejera, fuerte presión mediática y crisis económica, ha visto agravarse aún más su situación a partir de la ruptura de la alianza legislativa entre el eterno socio de todas las coaliciones de gobierno Partido del Movimiento Democrático Brasileiro (PMDB) y el Partido de los Trabajadores (PT), oficialismo desde el año 2003, lo que abre la posibilidad de la puesta en marcha del impeachment contra Dilma Rousseff. Este proceso es paralelo a aquel iniciado en el ámbito judicial producto de las investigaciones llevadas a cabo por el Juez Federal Sergio Moro en el marco del caso Petrobras.

En la Argentina, tras una muy disputada y reñida segunda vuelta en noviembre del 2015, el candidato de la coalición electoral PRO-Cambiemos Mauricio Macri se alzó con la victoria. Sectores del peronismo vinculados al kirchnerista Frente para la Victoria (FPV) percibieron y perciben dicho proceso como una suerte de “usurpación del poder” visión a partir de la cual sus diferentes expresiones políticas y sociales despliegan diferentes estrategias de “resistencia” frente al “usurpador de la voluntad popular” y abogan por el retorno del “régimen depuesto”.

En diciembre del 2015, la oposición nucleada en torno del Movimiento de Unidad Democrática (MUD) obtuvo la mayoría de los escaños en la elecciones legislativas llevadas a cabo en Venezuela, en un contexto de crisis económica, desabastecimiento, inflación y erosión de la legitimidad del oficialismo gobernante; no obstante el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) conserva la presidencia del poder ejecutivo –bajo la dirección de Nicolás Maduro-, el control mayoritario del poder judicial, del poder electoral –cuatro de los cinco miembros que lo integran tienen clara filiación oficialista- y el gobierno de 20 de los 23 estados que componen la unión.

Tras el referéndum llevado a cabo en el mes de febrero del año en curso, el presidente de Bolivia Evo Morales vio frustrada la posibilidad de presentarse a un nuevo mandato, finalizando el mismo en el año 2019, abriendo la puerta a un debate político en torno de la sucesión política al interior del Movimiento al Socialismo (MAS), aun cuando dicho debate parecería prematuro dado el escaso tiempo transcurrido desde el inicio del tercer mandato presidencial de Morales.

Merece ser destacado que en la primera década del nuevo siglo América Latina vivió un fenómeno nuevo (y viejo a la vez) cual ha sido (y es) la coexistencia de gobiernos de carácter progresista nacional-popular y/o socialdemócrata con un ciclo ascendente de la economía mundial, por lo menos hasta la crisis financiera internacional del 2008/2009.

Por cierto, este nuevo ciclo político tuvo su inauguración con el ascenso a la presidencia de la República de Venezuela de Hugo Chávez Frías en 1999, asunción que todavía aún tuvo lugar en medio de una región marcada por presidencias que reflejaban en mayor o menor medida los consensos en torno de estrategias de signo “liberal o neoliberal”. Pronto se pudo advertir a lo largo de la región los signos de este proceso de cambio más allá de las fronteras de Venezuela; allí pudimos asistir a la aparición de Lula Da Silva en Brasil en 2003 y Dilma Rousseff en 2011, Néstor Kirchner en Argentina en el mismo año 2003 y Cristina Fernández de Kirchner a partir del 2007, Evo Morales en Bolivia en 2005, Rafael Correa en Ecuador en el 2007, Fernando Lugo en Paraguay en 2008 y Tabaré Vázquez y Hugo Mujica en Uruguay en los años 2005 y 2009 respectivamente como evidencia de un nuevo tiempo político en el continente.

Cabe preguntarse entonces si no se trata en definitiva del inicio un proceso de alternancia propio de las democracias más que de la usurpación de alguna forma de poder popular, como expresión de alguna mayoría “natural”, por parte de minorías sociales con anclaje mediático judicial y corporativo.

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Santiago Leiras

Politólogo UBA. Doctor en América Latína Instituto Ortega y Gasset

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